YACIMIENTO MONTE BERNORIO 

PALENCIA 2019

"EL CORRO DE LAS BRUJAS" 

"El corro de las brujas" Yacimiento Monte Bernorio. Palencia 2019 Dirección y film. Valerie de la Dehesa. Performers. Clara Lurueña, Montse Lorenzana, Diana Toledo,Lucia Hervars y Valerie de la Dehesa. Captura de Video. All image rights reserved.@Arqueología performática. 

Proyecto Yacimiento Monte Bernorio.

Esta captura de video pertenece al proyecto de Arqueología performática del Yacimiento Monte Bernorio. Este proyecto performático experimental nace al ser invitada como artista al yacimiento para explorar las posibilidades de realizar performance por el director del yacimiento y arqueólogo, Ketxu Torres. El Monte Bernorio es una montaña-castro de la edad de Hierro que se encuentra al borde de Palencia y Cantabria, en ella se divisa 360º y hay mucho viento. Por lo visto los Vetones vivieron muchos años allí hasta que los Romanos arrasaron con la ciudad, montando allí un campamento base sobre las cenizas ( se encuentran todavía enterrados y son de varios cm de grosor debajo de la hierba).

Acababa de dar un taller muy importante para Arqueología Performática en Cáceres donde se encuentra una especie de "ciudad del paleolítico" muy cerca del Museo Vostell.El taller se titula "Performance entre piedras megalíticas a través del Arte Contemporáneo" y las participantes, todas ellas artistas profesionales de distintas disciplinas, deseaban continuar experimentando estas performances, así que las invité a participar en el proyecto yacimiento Monte Bernorio.

El Corro de las Brujas - The witches circle.

Al llegar al yacimiento era el mes de septiembre del 2019, el director del Yacimiento, Ketxu Torres,  nos avisó de dónde debíamos esperarle. Al llegar a la cumbre descubrimos una gran antena parabólica blanca, una montaña rasa, viento y mucha hierba. No parecía un Yacimiento arqueológico castro de la Edad de Hierro  (no sabíamos nada del lugar ya que es una de las premisas de arqueología preformática, ir sin preveer, sin preparar, ni saber nada sobre el lugar para poder ser verdaderamente experimental la experiencia performática), al dejar atrás al director del yacimiento, para así tener cierta intimidad, decidimos caminar, y concentrarnos en el lugar, a lo lejos veíamos unas manchas blancas enormes, redondas que luego al acercarnos no podíamos dar crédito. Eran unas setas gigantes como globos que nacían diréctamente del suelo, medían alrededor de medio metro de altura las más grande y se formaban en un gran círculo. Más tarde nos informamos, parece que son de una variedad gigante de la Agaricus arvensis, crecen en grandes círculos llamados "Corros de brujas o corros de hadas". 

  Al ver aquel gran círculo gigante de setas blancas, nos invadió a todas ganas de correr hacia allá con el viento, la hierba y el cielo por delante. La risa brotaba.

La sensación de libertad era grande.

Nos quitamos las ropas y guié una meditación (siguiendo unas prácticas realizadas por chamanes del perú para conectar con espacios de naturaleza) en círculo cogidas de las manos, re-sentimos con el lugar, conectamos con el espacio, nuestro cuerpo, el viento, la hierba cálida y suave, debajo de nuestros desnudos pies.

Todas éramos madres, todas, adultas y todas artistas. Al estar de pie enraizadas al suelo y al cielo, creamos un imaginado agujero entre nuestro círculo que se ahondaba hasta el centro mismo de la montaña y dejamos que se abriera una chimenea imaginaria del que invité a que saliera del centro de la montaña todo ese dolor, sangre y muerte que había debajo subyaciente, sedimentado y putrefacto, a la superfie, al cielo sanador y al aire. Ese acto generó una gran cantidad de energía que salía de ese espacio de la historia de nuestra humanidad justo entre nuestros cuerpos desnudos. Rodeadas de setas gigantes que también sanan ese espacio chupando  de los sedimentos y las cenizas de los que murieron asediados. Ese espacio-yacimiento arqueológico lleno de emociones y vivencias y dolor, quedó abierto, esa chimenea sigue allí  abierta dejando marchar la tristeza del ese pueblo de la edad del hierro. 

Ketxu luego nos cuenta que la primera vez que empezaron a cavar en el yacimiento las jóvenes arqueólogas sin saber porqué lloraban, sin estar ellas tristes a nivel personal. Era como si el espacio emanara esa emoción en todos. 

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